Juan Manuel Salvat Roque

En 1960 Juan Manuel Salvat Roque cursaba el primer año de las carreras de Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana (UH), reabierta después de años de cierre durante el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista. La intromisión en la dinámica de funcionamiento de la UH por parte de la dirección de la Revolución era constante, llegando a interferir en las elecciones e imponiendo profesores en el claustro sin que mediara el proceso de admisión establecido.

 

Así comenzó a impartir Economía, Carlos Rafael Rodríguez Rodríguez, un intelectual comunista de larga trayectoria política. En la primera clase Salvat le preguntó si iba a enseñar libremente o solo desde sus preceptos marxistas, a lo que el profesor respondió que él era comunista fuera y dentro de la Universidad. Quedaba claro que solo tendría cabida lo relacionado con la ideología que el docente profesaba, por lo que el estudiante y la mayoría de sus compañeros decidieron retirarse del aula en señal de desacuerdo.

Avanzaba el segundo semestre cuando fue anunciada la visita al país de Anastás Mikoyán, viceprimer ministro de la Unión Soviética a quien precedía un currículo criminal por su protagonismo en la masacre de la rebelión húngara de 1956. El suceso ocurría con gran despliegue de propaganda favorable al desenvolvimiento en diversas esferas de la Unión Soviética, paradigma de la implantación del socialismo como sistema.

 

Como respuesta, un significativo grupo de estudiantes, tanto de la enseñanza superior como del nivel medio, respondió con una protesta a modo de reparación por la ofrenda floral que, con los símbolos comunistas de la hoz y el martillo, depositara el político soviético ante el monumento a José Martí en el Parque Central.

 

El 5 de febrero más de 50 estudiantes procedentes de la Universidad de La Habana, la Católica de Santo Tomás de Villanueva, el Colegio La Salle, entre otros, se encaminaron hacia el Parque Central para colocar una corona de flores ante la estatua de José Martí con la siguiente inscripción: “A ti querido Apóstol, en desagravio por la visita a Cuba de Anastás Mikoyán”.

 

Los jóvenes que decidieron participar en la manifestación concordaban en el peligro de la aproximación de la mayor potencia socialista del mundo al proyecto revolucionario con el que se identificaban desde su etapa insurreccional. Todos comulgaban con el ideario martiano y catalogaron de afrenta el “homenaje” de un criminal probado, así como también la presencia de referentes visuales asociados a conceptos contrarios a los promulgados por el apóstol de la independencia cubana.

Sin embargo, las pancartas separaban la figura de Fidel Castro de la naturaleza ideológica del acto oficial que protagonizara Mikoyán. En ese momento aún muchos universitarios creían en la posibilidad del no involucramiento del proyecto revolucionario con tendencias que lastraran los presupuestos democráticos. No obstante, la iniciativa cívica y pacífica fue respondida con represión por parte de la policía e integrantes de lo que más adelante sería el Departamento de Seguridad del Estado (DSE).

 

A Juan Manuel Salvat lo llevaron a un carro patrullero sobre el que Alberto Müller, amigo y compañero de estudio, se abalanzó consiguiendo que ambos fueran conducidos al mismo lugar, la sede de la policía política (G2).

 

Dada la repercusión de la visita del líder comunista, mucha prensa extranjera de la que aún se permitía en Cuba, estaba apostada cerca y pudo reportar el acontecimiento. Alrededor del mundo circularon las imágenes de los estudiantes con sus carteles siendo hostigados, inclusive las de los tiros al aire ante aquellos jóvenes desarmados.

Imagen 1.

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Fuente: Foto publicada por la revista Life, republicada por RTV Martí.

De regreso a la universidad el cerco de la censura se recrudeció y los periódicos estudiantiles donde Salvat colaboraba como editor y redactor fueron cerrados, el último de ellos fue Aldabonazos.

 

Ese hostigamiento cobró fuerza y el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), comandante Rolando Cubelas Secades, a quien Juan Manuel apoyara en su candidatura durante las elecciones en las que él mismo resultó vicesecretario general de la Escuela de Ciencias Sociales, desarrolló una campaña incesante que inició con la expulsión de la organización de Juan Manuel y los otros dos organizadores de la protesta: Alberto Müller Quintana y Ernesto Fernández Travieso.

 

Poco después, el 9 de febrero, Cubelas improvisó una asamblea en la plaza Cadenas, sitio donde habitualmente se debatía y confrontaba ideológicamente dentro del campus. Su objetivo era la expulsión de la Universidad de los tres condiscípulos, pero este se frustró dado el respaldo masivo que recibieron los acusados por parte del estudiantado presente.

 

A la altura del mes de mayo, Cubelas insistió públicamente sobre la separación. En ese momento la afluencia al campus era escasa por acercarse el período de exámenes y, sorpresivamente, arribaron unos cinco camiones que cargaban personas desconocidas en actitud beligerante y violenta que compulsaron físicamente la salida de los estudiantes sentenciados. Todo ocurrió al unísono de los ya recurrentes alaridos de “paredón” que estremecían la isla de oriente a occidente, en clara alusión a los fusilamientos sumarios de cientos de personas contrarias al totalitarismo que se iba perfilando como forma de gobierno...

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