Lucila María Morales Vivar

Próximo a concluir el curso 2008-2009, la profesora Lucila María Morales Vivar cumplimentaba el servicio social en la facultad de Lenguas y Comunicación de la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz” (UC), cuando fue expulsada al manifestar su negativa de continuar militando en las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Tiempo atrás, en el período en que Lucila cursaba estudios universitarios, sus inquietudes intelectuales la llevaron a consumir literatura y producción audiovisual que escapaba al control de los mecanismos censores de la cultura y la información en Cuba. En esa época decidió alejarse de la UJC y quemó su carnet de afiliada junto a otros compañeros de estudios en la Universidad de Oriente (UO).

Fue así como la joven comunicadora sostuvo vínculos con profesionales incómodos para el oficialismo, a la vez que se mantenía actualizada asistiendo a eventos menos ortodoxos.

Al iniciarse como docente de la carrera de Periodismo, durante el curso 2007-2008, el decano Tel Pino Sosa se presentó en su casa con diversos pretextos sin que la profesora lo hubiese invitado ni mediara entre ellos algún elemento de confianza. Ni Lucila ni sus allegados le habían facilitado la dirección, por lo que infirieron que el directivo la había conseguido en el Departamento de Recursos Humanos, valiéndose de la influencia de su cargo. Estos incidentes resultaron extraños a Lucila y su familia, más tarde los relacionarían con la vigilancia develada durante el proceso de expulsión.

En el mes de abril de 2009, mientras la mayoría del claustro y los alumnos participaban en las tareas agrícolas contempladas en el calendario docente de los centros educacionales cubanos, la profesora Lucila quedó a cargo de actualizar el mural de la facultad ya que su salud le impidió asistir a esa “escuela al campo”. La docente decidió incluir un recorte del periódico Juventud Rebelde que contenía una reseña crítica sobre un audiovisual que trataba el tema del estado precario de los servicios sanitarios en ese centro de enseñanza, el cual había sido realizado por Eliécer Jiménez Almeida, estudiante de segundo año de Periodismo.

Cuando se retomaron las clases, la joven docente fue llamada a contar por indicación del decano y en presencia de Hilario García Benítez, representante del Partido Comunista (PCC) a nivel de la UC, Lázaro David Najarro Pujol, por el PCC en la facultad, la vice-decana docente Karla Gómez González y el vice-decano de la Universalización Sandy López González. Esa reunión había sido convocada por Tel Pino Sosa a partir de que consideró una falta grave la publicación en el mural docente del artículo referido, por consiguiente pretendía promover la medida de expulsión. La iniciativa del decano fue bloqueada por las intervenciones de los vice-decanos que lograron se conmutara la sanción extrema por una amonestación pública en el seno del departamento al que la imputada pertenecía.

En el marco de una reunión del departamento de Periodismo y Comunicación Social, la profesora Lucila enfrentó la amonestación pública que contó con la dirección del decano y la asistencia de los habituales, además de otros docentes ajenos a ese núcleo del claustro.

A partir del suceso relacionado con el mural docente, la relación de Lucila con los alumnos fue rigurosamente monitoreada por la nomenclatura de la facultad, al punto de interrogarlos para recabar información sobre lo que ella exponía en clases y los temas de conversación cuando confluían fuera del ámbito académico. Estos informes fueron consignados en el documento que le fue leído al culminar su proceso de expulsión, destacándose el criterio negativo de Yurislenia Pardo Ortega, presidenta de la FEU en la universidad. La dirigente estudiantil había confrontado a la profesora cuando esta no aceptó que la envergadura de su cargo deviniera justificante para ausentarse del aula.

Terminándose el curso 2008-2009, la directiva de la Universidad de Camagüey organizó una investigación a la profesora Lucila que incluyó la requisa de sus comunicaciones personales y actividad en internet, además de escudriñar en su pasado como estudiante con vistas a encontrar una causa para la expulsión.

Una comisión liderada por Indira Gretel Mariño Batista, secretaria de la UJC en la universidad, emplazó a Lucila María con motivo del hallazgo de su antiguo expediente de militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). El decano y la dirigente increparon a la docente acerca del ocultamiento de su afiliación, a lo que ella respondió que había ingresado a la UJC porque en su pre-universitario le informaron que era condición para acceder a estudios superiores. Ante esa respuesta, Tel Pino Sosa le preguntó sobre su disposición de permanecer en las filas de la juventud comunista para luego incorporarse al Partido. Lucila se manifestó contraria a ambas opciones y, tanto el decano como la secretaria de la UJC, le notificaron que quedaba imposibilitada de ejercer la docencia en la Universidad de Camagüey.

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