Orlando Luis Pardo Lazo

En abril de 1999 Orlando Luis Pardo Lazo se desempeñaba como Investigador Agregado en la División de Vacunas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), ubicado en la ciudad de La Habana. A pesar del desempeño positivo en cuanto al cumplimiento de sus funciones profesionales, fue monitoreado exhaustivamente por la Seguridad del Estado, incluyendo la revisión de documentos y correos electrónicos personales donde intercambiaba con amigos acerca de la posibilidad de emigrar al extranjero. Esto sirvió de pretexto para su expulsión de la institución y la separación total del sector científico en el país.

 

Desde que Pardo Lazo se graduó de Licenciado de Bioquímica en 1994 por la Universidad de La Habana (UH), debido a su alto rendimiento docente fue ubicado en un enclave científico considerado de vital importancia para el país, el CIGB, el cual respondía directamente al Consejo de Estado de la República de Cuba. En este centro, el joven científico trabajó en temas priorizados, como las investigaciones de ácidos nucleicos con vistas a la inmunización ante enfermedades como el dengue, la hepatitis, el VIH y la meningoencefalitis, lo que hoy se conoce como vacunas de ADN y ARN, así como también en las obtenidas a partir del empleo de técnicas de ADN recombinantes. Sus resultados lo mantuvieron colaborando con la Facultad de Biología de la UH, tutorando varias tesis, así como posibilitaron que hiciera parte de un programa docente auspiciado por la farmacéutica Amersham, el cual permitía el adiestramiento de investigadores noveles provenientes de países como Chile, Colombia, Venezuela, Nicaragua, entre otros. También impartía seminarios y sostenía otras formas de intercambio con sus colegas.

 

Por indicaciones directas del gobernante cubano Fidel Castro, en el CIGB y lo que luego pasaría a denominarse el Polo Científico de la capital, el cual nucleaba las instituciones científicas ubicadas al oeste de La Habana, se estableció una dinámica laboral que incluía el llamado “horario de consagración”, con jornadas continuas de hasta 12 o más horas de trabajo.

 

Esa metodología incluía, por ejemplo, la residencia en unidades habitacionales asociadas geográfica y legalmente al centro, una especie de ciudades satélites que permitirían una mayor vinculación de los recursos humanos con la entidad empleadora, siempre buscando optimizar los resultados productivos. El control político era ejercido abiertamente desde una oficina del Departamento de Seguridad del Estado que el Ministerio del Interior poseía en la primera planta del edificio del CIGB. Es decir, dentro de la institución, cualquier disenso era vigilado por los agentes, y afuera, el marco temporal para el desarrollo de una vida más allá del muy específico ámbito profesional se tornaba escaso y a veces imposible. Estas circunstancias afectaron notablemente a Orlando Luis ya que desde muy joven tenía inquietudes relacionadas con otras esferas del saber.

Con el paso del tiempo, Orlando Luis asumió una actitud que podría ser calificada como irreverente ya que no participaba en los actos de repudio que, en ausencia del “afectado”, se organizaban cada vez que un investigador decidía no regresar de alguna estancia en el extranjero. También eran conocidos sus chistes sobre el sistema cubano, en áreas comunes como el comedor, y sus opiniones políticas habían quedado claras en una encuesta realizada a raíz de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998, la que, aunque siendo anónima, dejaba trazas detectables por la Seguridad del Estado.

 

Además, se sabía que escribía cuentos y crónicas que rozaban zonas sensibles de la sociedad cubana, y que se relacionaba con intelectuales con los que frecuentaba sitios más abiertos a cuestionamientos de la realidad o en los que se consumía literatura o arte ajeno a los círculos oficialistas, como por ejemplo la revista “Palabra Nueva”, editada por la iglesia católica, y en cuya sede dejó, en manos de un desconocido, un poema suyo con cierta carga crítica. Sus criterios hacían parte de los cada vez más asiduos debates nocturnos entre muchos investigadores inconformes con el estado de cosas reinante en el país.

 

Orlando Luis recuerda que, en una ocasión, cuando sus estudiantes iraníes en el CIGB culminaron el adiestramiento con vistas a realizar transferencia tecnológica de Cuba a Irán para fabricar una vacuna recombinante contra el virus de la Hepatitis B, él les hizo una carta de despedida y, como estos le habían comentado acerca de algunas contradicciones sociales evidentes, se permitió aludirlas con cierta dosis de ironía. Estima que ese documento pudo haber sido requisado por la Seguridad del Estado.

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