Joel Humberto Rojas Pérez

En mayo de 1989, Joel Humberto Rojas Pérez cursaba el segundo semestre del primer año del perfil de pintura de la Facultad de Artes Plásticas, en el Instituto Superior de Arte (ISA). La formación artística de las diferentes especialidades contempla tanto la ejecución de obras que constituyen ejercicios docentes, como la creación con destino a exhibiciones personales, encargos, entre otros fines. Una de estas obras extra-clase, “El David”, generó la represión ideológica que causó su expulsión de la universidad (ver Imagenes 1 y 2).

La rutina universitaria del estudiante comenzó a transformarse mientras terminaba dos piezas de mediano formato en el taller que el centro de estudios le había asignado por su condición de alumno. Transcurrían las habituales visitas y debates entre estudiantes y profesores, por lo que muchos en la facultad conocían las pinturas en cuestión. “El David” tenía una marcada referencia visual al líder político Fidel Castro, además de que se apropiaba de símbolos comunistas como la hoz y el martillo.

El joven notó que, por momentos, su cúpula (taller) era más frecuentada que de costumbre, pero sólo cuando el jefe del Departamento de Pintura, Flavio Garciandía de Oráa, se le acercó para advertirle sobre lo problemático de “El David”, entendió lo delicado de la situación. El profesor lo puso en conocimiento de las alarmas que, en los censores ideológicos, se habían despertado y le indicó que debía retirar la obra de la facultad, también le manifestó la imposibilidad de contar con su respaldo por las implicaciones represivas que le sobrevendrían.

 

Joel llevó la referida pintura inconclusa para casa de otro amigo pintor, Tomas Esson Reid, pero días después fue citado para una reunión donde se analizaría la obra en un consejo disciplinario a desarrollarse en la propia facultad. Esson le comunicó que un funcionario del Ministerio de Cultura, Carlos Masabala, lo había visitado y le recomendaba a Joel que regresara la obra a su taller para terminarla y poder debatir sobre la misma.

El estudiante devolvió la pieza, a pesar de que la otra pintura ya había desaparecido de su cúpula. Llegado el momento de presentarse ante la comisión donde concurrirían los factores políticos, directivos y académicos de la universidad, Joel Rojas notó que la obra no estaba en la sala de reuniones, sin embargo, habían más de diez personas entre docentes, estudiantes y tres hombres vestidos con el uniforme del Ministerio del Interior (MININT). Ante el presidente de la Comisión Disciplinaria de la Facultad: Adigio Benítez Jimeno, el decano José Ramón Villa Soberón, un profesor del Departamento de Filosofía y Estética, estudiantes como Félix Suazo Fuentes, profesores como Carlos García de la Nuez, y los tres oficiales del MININT, Joel decidió retirarse, argumentando la ausencia del motivo por el que le habían citado.

 

Para el estudiante universitario fue impactante el numeroso grupo reunido con motivo de un debate sobre una obra extra-docente de un alumno del primer año. Al constatar que la pieza no estaba, manifestó que se trataba de un proceso al margen del arte, donde participaban personas ajenas a la academia y, en consecuencia, se marchó.

 

Es de señalar que el decano José Villa siguió al joven hasta la salida de la facultad y le pidió que regresara y tratara de explicar a la concurrencia para quizás lograr una salida airosa del problema. Rojas manifestó que sin la obra presente no entendía el sentido de la convocatoria al análisis, que su matrícula en el instituto había sido ganada por sus competencias artísticas y de no ser esta la razón para su permanencia, se retiraría.

En los días siguientes, a Joel se le entregó la Resolución Rectoral No. 44/89, que le informaba había sido expulsado del ISA, acatando la recomendación de la Comisión Disciplinaria conformada en la Facultad de Artes Plásticas, la cual calificaba su falta de muy grave por “realizar una obra que resulta un ultraje consciente al más alto símbolo de la unidad y la determinación revolucionaria de nuestro pueblo, lo cual solo puede favorecer los intereses de los enemigos de nuestro país (…)

Para el joven artista, era prioritario recuperar sus obras, por lo que resolvió ver a la máxima autoridad académica, el rector Miguel Ángel Sánchez Mariño.

 

Joel se presentó en la antesala de la oficina rectoral y solicitó la entrevista. Al percibir la renuencia del funcionario a través de la secretaria, decidió quedarse en el lugar para lograr ser atendido. Pasaron algunas horas hasta que el rector Miguel Ángel le dio acceso a su oficina. El funcionario refirió al artista que esas obras no eran suyas, que eran de la Revolución y que, de ninguna manera, las iba a recuperar; a lo que el joven contestó que continuaría luchando por la devolución de sus pinturas.

 

No obstante la hostilidad del rector, Joel apeló la medida de expulsión al Ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos. El alto funcionario encontró sin lugar la reclamación y mediante la Resolución No. 131, ratificó la Separación Definitiva de los Cursos Regulares Diurnos dada “la realización de una obra considerada un ultraje consciente a la Revolución y a la determinación revolucionaria de nuestro pueblo (…)”.

 

El documento emitido por el ministro señalaba que la obra había sido sometida en varias ocasiones a la crítica, tanto artística como política, entre estudiantes y docentes de la facultad, con la presencia de Joel. No consta al afectado la realización de ninguna de estas sesiones, así como tampoco el ser tenido en cuenta por sus compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Solo sus condiscípulos Ileana Villazón Calzada, Erick Gómez Galán e Ibrahim Miranda Ramos se mostraron solidarios con él.

Al término del proceso disciplinario, Joel Rojas somatizó y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de urgencia, a causa de una obstrucción intestinal. Durante el internamiento en el hospital Salvador Allende (Quinta Covadonga), su habitación fue vigilada por agentes del Departamento de la Seguridad del Estado (DSE), siendo su madre la única persona autorizada a acceder a él.

Cuando su estado de salud le permitió viajar, el ex-alumno del ISA se trasladó a Remedios, su pueblo natal en la provincia de Villa Clara. Poco tiempo después, regresó a La Habana y sobrevivió gracias a la pesca y la confección de artesanías que vendía en la Plaza de la Catedral. Sus intentos de hacer valer la titulación del nivel medio de la enseñanza artística para trabajar en alguna Casa de Cultura comunitaria como instructor de artes plásticas, no fructificaron. En la Resolución emitida por el Ministro de Cultura, se especifica que debía comunicarse la sanción a “los Viceministros, al Consejo Nacional de las Artes Plásticas, al Centro Nacional de Escuelas de Arte (…)”.

 

Joel Humberto Rojas Pérez, al ser expulsado del nivel superior de la academia artística en Cuba, quedaba al margen del sistema institucional de la cultura. Era una época donde el circuito de circulación del arte se enmarcaba rígidamente en el ámbito estatal, por lo que su presencia en exposiciones y concursos fue mínima, siempre bajo la lupa de los mecanismos censores de la producción artístico/intelectual.

Después de reiterados intentos que incluyeron la solicitud del asilo político, Joel marchó al exilio en los Estados Unidos, en 2006. Su trabajo artístico nunca se detuvo, cuenta con un volumen considerable de piezas donde se manifiestan las etapas de su proceso creativo, incluidas las realizadas en Cuba. No ha podido recuperar las dos obras cuya propiedad el Instituto Superior de Arte atribuye a la Revolución.

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