José Rolando Casares Soto

En abril de 2003, el estudiante de tercer año de Psicología de la Universidad de La Habana (UH), José Rolando Casares Soto, fue llamado a la rectoría, con motivo de los resultados de un registro efectuado en su residencia estudiantil por parte de agentes del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) guiados por un profesor a cargo del recinto. La requisa iba dirigida a otros becarios y estaba relacionada con la tenencia de marihuana, sin embargo, lo que llamó la atención de los policías fueron los libros e impresos que el alumno de Psicología poseía. Entre los textos encontrados estaban dos libros de la autoría de George Orwell, uno de Leonardo Padura y varios impresos de obras sobre psicoanálisis de Sigmund Freud y Carl Jung.

 

La bibliografía que generara suspicacias había sido facilitada a José Rolando por un bibliotecario independiente que era su vecino en el poblado de San Juan y Martínez, localizado en la provincia de Pinar del Río. Este amigo del joven era disidente desde hacía muchos años y estaba permanentemente vigilado por la Seguridad del Estado. También, la familia Casares Soto contaba con un pasado no confiable para las autoridades cubanas, por proceder de “El Escambray”, una zona montañosa de Cuba donde se desarrollaron enfrentamientos armados entre simpatizantes y opuestos a la Revolución.

 

Cuando el estudiante se personó en la oficina rectoral, allí se encontraban el rector Dr. Juan Vela Valdés, el decano de la Facultad de Psicología, Hassan Pérez Casabona, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la universidad; además de un agente de la Seguridad del Estado que se presentó como Alejandro, miembros del secretariado del Partido Comunista y de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en la UH, así como dos alumnas del 4to año de Psicología que no tenían relación con José Rolando.

 

Los presentes se alternaban para increpar al estudiante insistiendo en que identificara a la persona que le había hecho llegar la bibliografía en cuestión, aunque dejaban claro que ya tenían conocimiento de la vía de acceso a esos materiales. Mientras cuestionaban la fidelidad ideológica del joven por el tipo de lecturas que prefería, destacaba el interés en los impresos y en los medios para procesarlos. Estas copias de literatura sobre psicoanálisis procedían de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, desde donde el amigo bibliotecario tenía acceso a internet. A pesar de que las presiones aumentaban mientras avanzaba la amonestación, José Rolando no delató el origen.

 

El presidente de la FEU, Hassan Pérez Casabona, se destacó en la agresividad verbal con que fue interpelado el estudiante de tercer año que no pudo responder a las acusaciones porque en ningún momento se recuperó de la sorpresa ni se atrevía a desafiar a las autoridades docentes. Transcurridas las horas del interrogatorio, José Rolando manifestó que tenía que retirarse ya que perdería el transporte de la universidad hacia la residencia estudiantil ubicada en el lejano reparto de Alamar. Le otorgaron el permiso y salió del campus.

 

Al terminar las clases del día siguiente, una compañera de estudios comunicó a Casares que estaba citado para el decanato. En la oficina sólo se encontraba el decano, quien le entregó el documento de resolución de su expulsión y le indicó que quedaba fuera de la UH con efecto inmediato y, sin más explicaciones, lo conminó de manera descompuesta a retirarse de la facultad y nunca volver a ingresar a ese entorno académico.

 

El joven universitario desconocía de la existencia de recursos de apelación que, por demás, no fueron contemplados en el soliloquio confrontacional del decano. Regresó a su pueblo y la familia logró a través de amigos que ingresara en otro plan de estudios habilitado por la carencia de docentes a nivel nacional, el Curso de Superación Integral para Jóvenes (CSIJ).

Mientras se formaba como futuro docente del nivel medio especializándose en las asignaturas de ciencias, se incorporó voluntariamente a la preparación de estudiantes de la Escuela Secundaria Básica “Antero Fernández Vargas” (donde radicaba su curso) con vistas a las pruebas de ingreso al Instituto Vocacional de Ciencias Exactas “Federico Engels”.

 

A fines del curso 2003-2004, José Rolando fue convocado por el director de la escuela, quien le comunicó que quedaba expulsado del CSIJ. Ese funcionario nombrado Marcelo Guerra Mompeller, con el respaldo del vicedirector del Ministerio de Educación (MINED) en la provincia de Pinar del Río y del director del Curso de Superación Integral para Jóvenes en el municipio de San Juan y Martínez, profesor Rícelo Salgado Vergara, le manifestó que no era confiable para formar parte de un programa priorizado de la Revolución, la “Batalla de

Siga leyendo aquí