Reinaldo Agustín Ferrer Santos

En septiembre de 2011, Reinaldo Agustín Ferrer Santos ingresó a la filial “Néstor López Cuba”, del municipio Mella, para cursar la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia Santiago de Cuba (UCMSC).

 

Reinaldo Agustín Ferrer y otros miembros de su familia pertenecían a la organización opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Su madre también integraba las Damas de Blanco, por lo que eran foco de atención y represión por parte de la Seguridad del Estado en su territorio.

 

Desde el inicio de la carrera, Ferrer sufrió hostigamiento dentro del plantel por sus ideas políticas. La Seguridad del Estado advirtió a sus compañeros de aula sobre los peligros de reunirse con él. Los directivos de la escuela intentaban forzar al joven a participar en actividades políticas, como la lectura en matutinos de informaciones y efemérides enfocadas positivamente hacia el gobierno, a lo cual Ferrer se negaba. Esto tenía incidencia en las notas que recibía en materias con contenido político, al punto de llegar a afectarle su trayectoria académica en el curso.

 

A inicios de 2012, fue acusado por la dirección de la escuela de brindar información sobre la situación del cólera en el municipio a los opositores del territorio, también se sometió a análisis su relación con éstos. Le insistieron en que un estudiante de medicina no podía oponerse políticamente al sistema y lo conminaron a que cambiara su forma de pensar o pidiera la baja de la facultad, ya que no podían confiar “en alguien que estuviera al frente de un salón de operaciones con esos pensamientos”. Ferrer les manifestó que le gustaba su carrera y que no haría tal cosa (UNPACU, 2013).

 

El estudiante refiere que, en una ocasión, en el examen de Morfofisiología, le fueron cambiadas, con la intención de afectarlo, las respuestas que marcó en la prueba. Al no poder fotografiar el documento, no tuvo manera de comprobar lo que afirmaba durante la reclamación.

En abril de 2012, durante una clase de Filosofía, la profesora Dayris Rivero le preguntó a Ferrer qué entendía por conciencia política. El estudiante se negó a responder, alegando que ella conocía su forma de pensar, la cual no se le respetaba y que no le daría una respuesta contraria a sus principios. La profesora insistió y Ferrer le recalcó que prefería que lo desaprobara en esa pregunta antes que responder algo que no creía.

 

La docente se molestó y continuó la clase refiriéndose a la falta de conciencia política en los jóvenes, que algunos se convertían en mercenarios y por 50 dólares ponían carteles y se manifestaban contra el gobierno, con lo cual hacía alusión a las actividades que realizan los opositores y replicaba el discurso oficial que los denigra, haciendo creer que sus ideas políticas se basan en un supuesto interés económico.

Ferrer, molesto, pidió la palabra. Le dijo que eso no era cierto, y que, si lo fuera, era producto de la pobreza que había en Cuba, y que posiblemente hasta ella misma pondría carteles si le dieran ese dinero, ya que su salario ni siquiera le alcanzaba para vestirse como correspondía a una profesora universitaria. Además, le pidió que no continuara engañando a los alumnos, que por ese tipo de argumentos era que mucha gente en Cuba pensaba mal de los opositores.

 

La profesora llamó a otros docentes para que sacaran del aula a Ferrer, que se negaba a dejar de hablar y empezó a denunciar las carencias de libros, computadoras y condiciones para estudiar en la escuela. La directora del centro, Noydis Núñez, les ordenó a profesores hombres que sacaran por la fuerza del aula a Ferrer. El estudiante forcejeó con estos porque insistía en continuar expresándose, hasta que finalmente lograron llevarlo fuera del local y le informaron que al día siguiente debía presentarse con sus padres para un análisis en la dirección de la institución.

 

Al otro día asistió con su mamá y su hermana. Se reunieron con la directora de la escuela, la secretaria del núcleo del Partido Comunista de Cuba en la filial, Yarisleydis Segura, otros profesores del claustro y los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), tanto de su aula como de la facultad.

Antes de comenzar el análisis, la directora realizó una llamada telefónica y dejó descolgado el auricular para que la persona que se encontraba al otro lado de la línea pudiera escuchar la reunión. Ferrer supone que haya llamado a la Seguridad del Estado. Protestó por esta acción que constituía una falta de ética y violación de su privacidad, pero hicieron caso omiso a su reclamo.

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