La militarización de las ideas, fundamento del deterioro de la sociedad cubana

El discurso de Fidel Castro en la clausura del VII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el 10 de diciembre de 1998, es un texto imprescindible no solo para entender la separación de estudiantes y trabajadores de la enseñanza superior, sino también para explicar las causas del deteriorado estado de la nación cubana.

 

Este discurso fue precedido por dos acontecimientos que condicionaron el escenario del año 1998: la muerte del guerrillero Ernesto Guevara en Bolivia en 1967, que cerró el ciclo de exportación de la revolución por la vía armada; y el hundimiento de la Unión Soviética en 1991, que agudizó la crisis del modelo totalitario, denominada con el eufemismo de Período Especial de Tiempos de Paz.

 

Con la muerte de Guevara el intento de exportar la revolución cubana a otros países por la vía armada, se sustituyó por la vía de las urnas. Con la caída de la Unión Soviética se implementaron algunas reformas, limitadas y coyunturales, para paliar la caída del Producto Interno Bruto en más de una tercera parte, hasta tanto apareciera un padrino sustituto en la arena internacional, y a la vez enfrentar la influencia de la Perestroika en la sociedad cubana.

 

Ante ese escenario, en lugar de corregir el rumbo equivocado que tomó la revolución en el mismo año de 1959, obsesionado en conservar el modelo totalitario impuesto y extenderlo al resto del planeta, Fidel Castro, poseído de una alta dosis de voluntarismo y mesianismo encontró la “solución”.

En diciembre de 1994, año en que el teniente coronel venezolano Hugo Chávez Frías, quien guardaba prisión por su participación en el fallido golpe de Estado de 1992 contra el expresidente Carlos Andrés Pérez, al ser indultado por el nuevo presidente Rafael Caldera; el líder cubano aprovechó la oportunidad para recibir a Chávez en La Habana, brindarle un recibimiento al nivel de jefe de Estado e invitarlo a pronunciar un discurso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

 

Fidel Castro, en enero de 1959 durante su primera visita a Venezuela, intentó infructuosamente obtener petróleo venezolano en condiciones favorables, vio en el militar venezolano la oportunidad de materializar aquella aspiración. Todo dependía de que asumiera el poder por la vía electoral y así sucedió. Al frente del Movimiento Quinta República, Chávez con un discurso populista cautivó el descontento de los venezolanos y se impuso en las elecciones de 1998, año en que Fidel pronunció el discurso objeto del presente análisis.

 

Se limitarán los aspectos de su discurso relacionados con el impacto de la caída de la Unión Soviética y la nueva estrategia trazada desde la UJC para revertir la disminución de la militancia y combatir el desaliento mediante su nueva estrategia: la militarización de las ideas.

 

Acerca de la pérdida de militantes dijo:

“(...) la reducción del número no se reduce solo porque ha disminuido la masa total de jóvenes entre esas edades, se ha reducido también como consecuencia de deficiencias, de errores, debilidades en nuestro propio trabajo, como ha pasado en muchos sectores, con muchas cosas.” Y añadió: “Yo leí el informe la víspera de la reunión… me enteré de algunas de las cosas del informe… de aquellos puntos en que ustedes reflejaban debilidades en el trabajo, deficiencias, índices menores de militantes de la juventud que aceptaban o tenían interés en ingresar en el Partido, índices menores de militantes en algunos sectores, en algunas ramas.”

Al desaliento dedicó buena parte de su intervención. Puso de ejemplos los golpes recibidos durante la lucha armada y la capacidad para superarlos:

 

“Al decirles esto recordaba nuestros inicios en la Sierra Maestra, nuestros reveses producto de nuestras inexperiencias; nuestro terrible revés inicial, y no era el primero, ya habíamos tenido un serio revés unos pocos años antes. ¿Cuántos? Tres años y tanto, porque entre el primer revés el 26 de julio de 1953, y el segundo revés en 1956, el 2 de diciembre, habían pasado tres años y cuatro meses, aproximadamente. Después del primero no hubo ni el más mínimo desaliento.” En otra parte apuntó: “Comenzamos los combates con menos de 300 armas, y, al final de la ofensiva, teníamos 900 hombres sobre las armas. Con esas armas organizamos las columnas del Che y Camilo que llegaron hasta Santa Clara; es decir, con las armas que ocupamos en esa ofensiva, invadimos el resto de oriente y llegamos hasta el centro del país.” Y añadió: “Les he hecho esta historia… porque la asocio a esta lucha que estamos librando ahora, y hasta incluso contra los errores y debilidades en que hayamos incurrido.”

 

Acerca de la militarización de las ideas - núcleo central de sus palabras- expresó:

“(...) esta lucha de la que estamos hablando va a ser fundamentalmente una lucha de ideas, no serán guerras; los problemas del mundo no se resolverán con armas nucleares, es imposible, ni se resolverán mediante guerras, e incluso digo más, no se resolverán mediante revoluciones aisladas que… pueden ser aplastadas sencillamente en cuestión de días o, cuando más, de semanas (…) Las ideas, que son la materia prima con la que se forman conciencias, son la materia prima por excelencia de la ideología… En esta lucha de tipo ideológico, las armas fundamentales son las ideas, las municiones fundamentales son las ideas, y nosotros tenemos que pertrechar de ideas a nuestros cuadros, para que ellos, a su vez, las vayan trasmitiendo a toda la juventud y a todo el pueblo... Cuando hay que reunirse, en medio de esa batalla, con la tropa elite para debatir, analizar, profundizar, trazar planes, estrategias, se abordan temas y se elaboran ideas, como cuando se reúne el estado mayor de esa tropa élite… Este ejército conoce su plan, conoce su estrategia, y los enemigos que se vayan enterando sobre la marcha; porque vuelvo a asociar la idea de esta lucha a una gran batalla, a un ejército, si se quiere, a un cuerpo de ejército de vanguardia, a una tropa élite.”

 

Tratando de vincular las ideas de José Martí con Carlos Marx, dijo:

 

“Las ideas son invencibles, y Martí dijo dos cosas sobre las ideas: Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras, una causa justa desde el fondo de una cueva puede más que un ejército… Después también tuvimos otros maestros, otros grandes maestros a los que tenemos mucho que agradecerles; pero, de todas formas, Martí fue, es y seguirá siendo nuestro primer maestro, porque a partir de sus ideas y de la conciencia que pudimos ir adquiriendo a partir de sus ideas, fue que fuimos capaces de asimilar rápidamente las ideas del marxismo y del leninismo.”

 

A pesar de la ineficiencia del modelo totalitario, que requería de las subvenciones ideológicas y de los préstamos capitalistas que nunca se pagaron, el voluntarismo, el mesianismo y el verticalismo le condujeron a determinar que la solución de los problemas de la humanidad se resolvería extendiendo ese modelo al resto del planeta:

“(...) hay un peligro que es el más terrible de todos: sencillamente que este orden económico mundial tarde tanto en desaparecer que desaparezcan primero las condiciones naturales de vida para la especie humana… Quizás sea en ese sentido en que pueda urgir acelerar la marcha, cuando todavía es tiempo, apretadamente, de que la naturaleza pueda ser salvada… Sin las tareas que ustedes tienen que cumplir, sin el trabajo que ustedes van a realizar —y lo van a realizar, no tengo la menor duda, de forma absolutamente exitosa—, no se podría hablar de lo que soñamos, no solo para nuestros compatriotas sino para todos los habitantes de este planeta. (…) Pero hay un factor que convierte al tiempo en un elemento de suma importancia, y es que si es cierto que se han creado todas las condiciones para un mundo que pueda ser alimentado, ser suministrado y ser capaz de producir lo que necesita, no con el concepto, desde luego, de sociedad consumista, porque eso es una inconcebible locura… Hay que elaborar conceptos acerca de los patrones de consumo y de las necesidades universales que hay que satisfacer y que podrían ser mucho menos en lo material, mucho menos que ese derroche inconcebible de decenas y de cientos de millones de automóviles que ya no caben en las calles, que ya producen paros que duran hasta horas; ya en muchas ciudades se tardan dos horas o tres en llegar de un lugar a otro… Como revolucionarios tenemos que concebir y elaborar ideas de cuáles son las necesidades del hombre que debemos aspirar a satisfacer…: Hay que concebir otro mundo, porque el de hoy es insostenible.” (…) La labor de la UJC en la formación de ese ejército armado de ideas recibió su “merecido reconocimiento” (…) “hay que hacerle un reconocimiento muy sincero, muy sentido a los compañeros del buró y a los numerosos cuadros que, bajo la dirección de Otto, trabajaron desde la convocatoria hasta este mismo minuto… con nuevas generaciones de jóvenes, muchos de los cuales —como vimos aquí— tenían solo ocho años cuando comenzó el período especial; nacidos todos después del triunfo de la Revolución…”

 

La UJC como sujeto de la batalla de ideas:

“En la breve reunión con los compañeros del Comité Nacional pude hablarles todavía con un poquito más de libertad, a un nivel más reducido todavía, y en una reunión con el Buró Nacional podríamos hablar todavía con más libertad, con más elementos de juicio… Una de las cosas extraordinarias de nuestra Revolución es que desde que vino al mundo —y pudiera decirse que las ideas de nuestra Revolución se engendraron en aquella colina universitaria— hubo esa estrecha vinculación de hermanos gemelos, y casi casi podría decirse de hermanos siameses, entre Revolución y juventud, entre Revolución y estudiantes… No he mencionado a los niños con los que ustedes trabajan; no hemos mencionado a los pioneros de secundaria básica, y que tan extraordinario ejemplo nos dieron cuando aquí hablaron dos de ellos que ingresaron en las filas de la juventud comunista en noveno grado... Hoy lo digo aquí en este congreso, es el mejor lugar para decirlo, más aún que en una reunión del Comité Central de nuestro Partido; más aún, incluso yo diría, que en un congreso de nuestro Partido, no porque tenga menos jerarquía el Partido o tenga menos importancia el Partido, sino porque son ustedes los que tienen que continuar esta lucha, ustedes los que están aquí en este congreso.”

 

El resultado de la militarización de las ideas resultó un nuevo fracaso.

 

La vieja política institucionalizada desde 1961 por el jefe de la Revolución en el Congreso de Cultura de ese año, donde preguntó: "¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios?" Y se respondió a sí mismo: "Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho... Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos". Esa política, reforzada en 1971 con la declaración de la Universidad para los revolucionarios, recibió un nuevo impulso con el discurso de 1998 con el absurdo concepto de “batalla” de ideas.

El término de origen militar, que designa el combate entre dos ejércitos fue trasladado al campo de las ideas, cuyo medio de existencia no es la batalla sino el debate, y cuyas premisas, la libertad de expresión, la igualdad de oportunidades y el respeto al diferente, son antípodas de la guerra.

 

La batalla de ideas fue la imposición de una ideología mediante la fuerza; una campaña por el oscurantismo, el retroceso y la violación flagrante de los derechos humanos, que ocasionó infinidad de víctimas y un daño antropológico generalizado.

 

Otto Rivero y el Estado mayor de ese ejército fueron defenestrados en 2009, se paralizó el acondicionamiento de lo que iba a ser el ministerio con más poder y recursos en Cuba, el de la “Batalla de Ideas”; mientras la economía, dependiente de las subvenciones venezolanas, continuó cuesta abajo de forma sostenida.

 

Uno de los peores resultados fue la cantidad de jóvenes con talento, que por actuar, discrepar, negarse a ser miembro de la UJC o siéndolo no aceptaron ingresar a las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC), vieron sus proyectos truncados al no poder ingresar a la enseñanza superior y fueron separados o expulsados de los centros docentes del país.

Lo más grave es que esa política se mantiene y se endurece a través del tiempo. Para demostrarlo basta citar tres casos de víctimas posteriores a la batalla proclamada en el congreso de la UJC de 1998: en 2001 Osvaldo Gallardo González, profesor del Departamento de Español-Literatura del Instituto Superior Pedagógico “José Martí” de Camagüey (ISPC), miembro de la UJC, se vio obligado a solicitar la baja de la plantilla docente por negarse a ingresar a las filas del PCC. En 2015 Boris González Arena fue expulsado de la Escuela Internacional de Cine, donde laboraba como profesor de Historia de la Filosofía, por su conducta contestataria. Más reciente, en octubre de 2021, a David Alejandro Martínez, profesor de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, le retiraron la categoría docente por haber firmado el llamamiento a la marcha del 15 de noviembre (15-N). Medidas que no se circunscriben al sector educacional, hace apenas unos días, el pasado 23 de noviembre, Jesús Figueredo Izaguirre, médico bayamés fue inhabilitado del ejercicio de su profesión por hacer uso de la libertad de expresión a través de las redes. El intento de vincular las ideas de José Martí con la de Carlos Marx y Lenin para justificar el modelo implantado es una tergiversación del pensamiento martiano, cuya esencia eran las libertades humanas.

Consciente de los peligros del caudillismo José Martí en 1884 decidió separarse del Plan Gómez-Maceo y escribió al generalísimo Máximo Gómez; “Un pueblo no se funda como se manda un campamento, lo que permite desmontar la militarización de las ideas, algo absolutamente ajeno al Apóstol.”

 

Si la imposición de la ideología del Partido-Estado-Gobierno está en la raíz del daño antropológico causado a la sociedad cubana, las manifestaciones masivas de miles y miles de cubanos el pasado 11 de julio de 2021 (11J), –jóvenes en su gran mayoría- y la disposición a marchar nuevamente el 15N por las libertades, confirman el rotundo fracaso de la militarización de las ideas para conservar un modelo ajeno a la naturaleza humana, y lo peor, intentar exportar ese modelo al resto del planeta.