El II Congreso de la UJC y las expulsiones de las universidades

El desmontaje de la sociedad civil, las palabras a los intelectuales , el 4 adoctrinamiento, la clausura de la escuela privada, la anulación de la autonomía universitaria, la declaración de la exclusividad de las universidades para “los revolucionarios” y de la obligatoriedad de asignaturas eminentemente ideológicas como “Comunismo Científico” en el nivel superior, los encarcelamientos, fusilamientos y otras medidas similares, fracasaron en el intento de uniformar el pensamiento y la conducta de los cubanos.

 

Ese proyecto de ingeniería social para crear un “hombre nuevo”, implementado desde los primeros años de la revolución cubana y teorizado por Ernesto (Che) Guevara, en el “El Socialismo y el Hombre en Cuba” , no logró el resultado 5 esperado. Guevara, en el citado ensayo tomó como punto de partida hechos coyunturales de valor y sacrificio realizados por un puñado de hombres durante la lucha armada antes de 1959, la Crisis de Octubre en 1962, los días del ciclón Flora en 1963, etcétera, para elaborar una fórmula dirigida a convertir esas actitudes heroicas en conducta cotidiana. Para ello, según sus palabras, “la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela” , cuyo 6 esquema de formación partía de las iniciativas de Fidel, tomadas por el pueblo como suyas.

Su gran error estuvo en suponer que podría disolver por completo la dimensión inividualde la existencia del cubano; afirmó que “la libertad no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva”, sin embargo esto no se logró más que en los papeles y en algunos sectores. La producción intelectual inspirada en valores occidentales siempre buscó la forma de mantener vivo el espíritu del indiviuo y reivindicar la “singularidad” de la cubanidad. De ahí que Guevara identificara en los intelectuales como sector social con actitudes “pequeño burguesas”.

 

Entre otras razones el fracaso radicó en la poca compatibilidad entre el esquema totalitario soviético con la cultura y tradiciones cubanas, influídas desde sus inicios por el espíritu occidental de independencia y libertad individual como valores universales y naturales; los valores republicanos y libertarios pueden evidenciarse a lo largo de todo el proceso de formación de la nacionalidad cubana. Uno de sus próceres más relevantes, Ignacio Agramonte , declara: “Al 7 derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel. Por fortuna, éstas, a diferencia de la libertad de hablar y obrar, no están sometidas a coacción directa y se podrá obligar a uno a callar, a permanecer inmóvil, acaso a decir que es justo lo que es altamente injusto. ¿Pero cómo se le podrá impedir que dude de lo que se le dice? ¿Cómo que examine las acciones de los demás, lo que se trata de inculcar como verdad, todo, en fin, y que sobre ello formule su opinión?”

 

El “hombre nuevo” que preconizaba Guevara no era más que una romantización del “hombre-masa”, una condición en la cual el indiviuo sólo podía concebirse como parte de una colectividad; la cultura cubana radicalmente diferente de los pueblos de Asia y Europa del Este no encajaba en este esquema. Guevara y Fidel Castro vieron en la juventud la materia prima para un experimento ideológico, “la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores” .

 

Desconocedor de la idiosincrasia del cubano, Guevara adelantó un modelo de familia inadmisible. Llegó a exigir a los dirigentes de la Revolución que tenían hijos “que, en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde al marco de los compañeros de la Revolución. No hay vida fuera de ella” . Y más adelante 10 escribió: “(…) Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción” . Y concluyó diciendo: 11 “Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio”.

 

Resultado de su intento en 1972 el hombre nuevo brillaba por su ausencia. En su lugar, cientos de miles de jóvenes ni estudiaban ni trabajaban, mientras otros muchos se negaron a seguir ese camino o se opusieron.

 

Una vez fracasado en el intento de producir 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, sin contar con la base económica necesaria para ejecutar citados planes, la admisión de Cuba al Consejo de Ayuda Económica (CAME), en ese 12 año de 1972, creó un nuevo escenario. Ahora el costoso proyecto de construcción de escuelas en el campo y la formación de maestros, se solventó con la relación comercial favorable del cambio de azúcar, níquel y cítricos por las subvenciones y el envío de hasta 13 millones de toneladas de petróleo anualmente, lo que permitió a Cuba convertirse en exportadora de petróleo al mercado internacional.

 

Fidel Castro, en la clausura del II Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el 4 de abril de 1972, retomó el inconcluso proyecto como premisa de los nuevos planes. En la clausura del cónclave definió la forma de realizarlo y depositó la tarea en la UJC, a los que dijo:

 

“Vamos a exponer algunos de los problemas más importantes dentro de los considerados por ustedes y a expresar cuáles serán en los próximos años las misiones más importantes a realizar por la Unión de Jóvenes Comunistas”.

El problema

 

A partir de los datos que ofreció esa noche, había aproximadamente un millón de adolescentes y jóvenes entre 12 y 18 años. De ese millón, 250 000 estaban estudiando y 750 000 eran atrasados de la escuela primaria que ni estudiaban ni trabajan, mayores de 16 años trabajando y una mínima parte en el Servicio Militar, en las Columnas o en las Pre Columnas. “La mitad de esos 750 000 – aclaró– son mujeres, que no estudian, que no adquieren un oficio, y que trabajarán si quieren o no. […] No están ni en la escuela, ni están en la fábrica, ni son estudiantes, ni están en la Juventud. ¿Quién las educa? ¿Cómo las educan? Y esos son problemas reales, que tenemos que encontrarles solución”. Y añadió que en 1980 los comprendidos en esa edad llegarían a ser más de un millón y medio; otros 2 millones y medio de menos de 12 años; por tanto, hasta la edad de 25 años habrá una masa de unos de 5 millones, y orientó: “Es con relación a esa masa que la Unión de Jóvenes Comunistas tiene que trabajar”

La solución del problema

 

Los vamos a resolver “Aplicando consecuentemente el principio de la combinación del estudio y el trabajo, aplicándolo en todos los niveles de la enseñanza”. […] “Vamos a empezar por los centrales azucareros. Y después, cuanta fábrica se construya en este país, con la industria hay que construir al lado el politécnico” […] Cuanta fábrica importante se haga en este país hay que construirle la correspondiente instalación escolar al lado, para que se combine allí el estudio y el trabajo”.

 

Según sus palabras, en septiembre de 1972 -en un mismo día- se inaugurarían 40 secundarias básicas en el campo con capacidad para 20 000 alumnos; al siguiente año, entre escuelas de maestros, escuelas politécnicas, escuelas o institutos politécnicos; escuelas de monitores, institutos tecnológicos y secundarias, se abrirían capacidades para otros 80 000 estudiantes; en 1974 las capacidades nuevas no bajarían de 100 000 por año”. […] “De manera que en 1980 podemos tener un millón de jóvenes de ambos sexos estudiando y trabajando, entre los 12 y los 18 años”. Mientras para los cientos de miles de retrasados escolares –cuando haya suficientes instalaciones– se establecerán escuelas en el campo, combinando allí también el estudio y el trabajo.

 

Para la formación de los maestros planteó dos caminos: “el desarrollo del movimiento de guerrilleros de la enseñanza y los cursos de superación de los maestros no titulados.

 

Este año, explicó –se refiere a 1972– se inician 40 nuevas secundarias básicas escuelas y en el año 1973 no menos de 120, por lo tanto: “[…] Hay que desarrollar, a través de las organizaciones estudiantiles y de la Juventud, un movimiento de captación de jóvenes de décimo grado para que marchen a enseñar a las secundarias en el campo, bajo la dirección de profesores con más experiencia, e inscribiéndose en el Instituto Pedagógico “[…] No hay otra fórmula que acudir a los alumnos del décimo grado, y reclutar no menos de 2 000 este año, y no menos de 5 000 el próximo año. Y así sucesivamente”.

El plan consistía en que “cada joven en este país ya supiera cuál va a ser su vida desde los seis hasta los veinte años, las obligaciones que le corresponden entre los seis y los dieciocho, y las obligaciones que le corresponden cuando termina sus estudios medios”. Y cerró el discurso diciendo: “Ustedes deberán llevar la Revolución adelante en Cuba, y ustedes deberán desempeñar su rol en la revolución de América Latina. Pero esa solidaridad con los pueblos hermanos no la vamos a apoyar solo con declaraciones. No debe ser apoyada solo con nuestra oferta generosa de luchar y de combatir y de expresar nuestra solidaridad en todos los campos”.

La implementación del proyecto

 

Mes y medio después, el 19 de mayo de 1972, se creó el primer destacamento, bautizado con el nombre de Manuel Ascunse Domenech , integrado por más 13 de 400 estudiantes de décimo grado para formarse como maestros mediante el estudio, en el Instituto Superior Pedagógico; y en el trabajo, en las secundarias en el campo.

 

En los años siguientes se formaron otros cinco contingentes. Del último de ellos surgió el destacamento internacionalista Che Guevara, integrado por 732 maestros secundarios, abanderado por Fidel Castro el 9 de marzo de 1978 y enviados a Angola. Estos jóvenes, fieles a los principios establecidos para esta fuerza pedagógico-militar: “defender la patria socialista y su Revolución en cualquier lugar donde se encuentre”, “la incondicionalidad” y “el espíritu de entrega ante cualquier misión asignada por la Revolución”, tomaron parte en la batalla de Zumbe, en Angola, en marzo de 1983. Hasta 1986 cinco contingentes, integrados por 2026 estudiantes de Pedagogía, marcharon al país africano.

 

Simultáneamente, en marzo de 1982 se creó el Destacamento "Carlos J. Finlay", al que Fidel Castro exhortó a convertirse en cadetes de la medicina para prestar sus servicios en otras latitudes del mundo. En diciembre de 2007 se creó el Movimiento de Avanzada "Mario Muñoz", de estudiantes de medicina. Y posteriormente el Destacamento "Piti Fajardo”.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo no todos los universitarios asumieron esos planes, y algunos, imbuidos por la historia de lucha del estudiantado, pensaban que el país necesitaba otro rumbo; un hecho que, además de impedir la unanimidad que exigía el proyecto totalizador del hombre nuevo, representaba un peligro para el mismo.

 

El problema fue abordado por el máximo líder de la revolución en la clausura del I Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el 13 de marzo 14 de 1979, donde, entre otras cosas planteó:

 

“¿Acaso la Revolución le ha quitado a la masa estudiantil su campo de lucha? No. […] La Revolución, en cambio, creó un campo de lucha mucho más amplio, mucho más universal, una tarea gigantesca: la de hacer la Revolución, la de construir el socialismo, la de practicar el internacionalismo. Ser estudiante, ser trabajador, ser soldado, porque ya no existe contradicción entre el poder y el estudiantado, entre el soldado y el estudiante, entre el policía y el estudiante, porque todo eso es hoy el estudiante: estudiante, trabajador y soldado”.