Discursos del 23 de enero de 1961 y del 27 de marzo de 1961, de Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, que amenazan la libertad académica y otros derechos conexos

En el mes de junio de 2002, Fidel Castro pronunció tres discursos referentes al Proyecto Varela, iniciativa ciudadana que buscaba “Pasar a Fidel Castro por las urnas” a través de un proyecto de ley que proponía un referendo ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. El Proyecto reunió un aproximado de 20.000 firmas (Gentile, 2002), en un contexto marcado por la represión y la violación a los derechos humanos de personas involucradas en su promoción y la recolección de firmas. 

Dos de los casos identificados en este informe padecieron las consecuencias de suscribirlo, se trató de los estudiantes Roger Rubio Lima y Yulys Espinosa Acosta. El Proyecto Varela propuso una serie de cambios pacíficos para inducir a la democratización de Cuba, y sus propuestas se dividieron en cuatro pilares fundamentales: derecho a la libre expresión y asociación, leyes de la amnistía, derecho a formar empresas, y una nueva ley electoral (Gentile, 2002). Estos aspectos estaban orientados a la ampliación de la competencia política a través de la implementación de mecanismos de elección directa, los cuales conectarían a los candidatos con su electorado. 

Como respuesta a la iniciativa ciudadana del Proyecto Valera, un mes después Fidel pronunció tres discursos. Transcurría junio del 2002. El líder revolucionario adoptó una postura “defensiva” ante la propuesta del proyecto (Ibarz, 2003).

Y organizó de manera acelerada una especie de plebiscito en que sin que mediara ningún proceso de discusión crítico se pidió a las personas que firmaran para refrendar en la Constitución el carácter irrevocable del sistema sociopolítico cubano. En el discurso pronunciado en homenaje a los natalicios de Antonio Maceo y Ernesto "Che" Guevara, Castro hizo referencia a estos “dos grandes símbolos  insuperables de valor y de la intransigencia revolucionaria”, remarcando que para él significaban la materialización de los ideales sociales y políticos que el pueblo cubano debía refrendar con su voto para incorporar la invariabilidad del carácter socialista de la Revolución; “con la ya proverbial capacidad de organización adquirida por nuestro pueblo, su cultura y su conciencia política, se llevará a cabo este importante paso a fin de que no le quepa absolutamente a nadie la menor duda sobre cómo siente y piensa el pueblo de Cuba”. Esta sería una de las citas con las que Fidel anunció, de antemano, el resultado de dicha convocatoria, la que resultaría ser una “contundente y adecuada respuesta a un "libertador" que nadie ha invitado: el señor W. Bush”, presidente de Estados Unidos para el momento. Fue un discurso en contra de la intervención estadounidense en la política cubana, cuyo hegemón, era el régimen revolucionario de Fidel Castro, que negaba cualquier posibilidad de pluralidad o apertura democrática. 

En las palabras pronunciadas el 15 de junio de 2002, Fidel Castro dijo: “hoy juramos algo más, y lo jurará la inmensa mayoría de los cubanos: que serenos inconmoviblemente fieles a la Patria, a la Revolución y al Socialismo; que el dominio imperialista y el sistema capitalista no volverán jamás a Cuba”. Su discurso estuvo lleno de consignas ideológicas, orientadas hacia una especie de oda a la vida y el pensamiento político de Maceo y el Che, en el que exaltó, a su vez, las “proezas y hazañas” del gobierno revolucionario. 

El gobernante comunista finalizaría este discurso con las palabras “Los revolucionarios cubanos, en medio de la batalla de ideas que hoy libramos y enfrascados en ardua y heroica defensa de la Patria, la Revolución y el Socialismo, un día como hoy les rendimos especial tributo a nuestros dos grandes héroes, con una firme e inquebrantable decisión: 

¡seremos todos como Maceo y el Che! ¡Viva el socialismo! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!” 

Este fragmento sintetiza lo que sería un llamado a la defensa incondicional del régimen revolucionario, el socialismo, el rechazo a los “ideales” del imperialismo capitalista, y adicionalmente, una completa monopolización del escenario político, excluyendo cualquier iniciativa al margen de la Revolución. 

El tercer discurso, pronunciado el 26 de junio del 2002 en una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y en el contexto del Proyecto Valera, buscaría resonar con los dos anteriores, catalogando al gobierno estadounidense de “grupo mafioso de Miami para liquidar la Revolución Cubana”. En una crítica al mandato de George W. Bush y sus acciones hacia la isla, el gobernante cubano señaló que en “cuatro décadas de agresiones, terrorismo, bloqueo y guerra económica por parte de Estados Unidos, que para enfrentarlos se requería de una gran dosis de conciencia política, cultura, heroísmo y apoyo popular, no han podido sin embargo destruir o debilitar absolutamente nada a una Revolución que nada haya hecho por el pueblo”. 

En lo concerniente a la enseñanza, Fidel Castro se encarga de enaltecer los “avances” en materia educativa al interior de la isla bajo sus años de gobierno. El cubrimiento en salud, la universalización de la educación, el aprovisionamiento de equipos educativos a pesar del bloqueo norteamericano y la creación de un Canal Educativo dentro del sistema televisivo de la isla, serían algunos de los elementos que el líder revolucionario usaría dentro de su discurso, buscando legitimar la labor del régimen en contra de la intromisión estadounidense, que ofrecía “becas…a estudiantes y profesionales cubanos que intentan crear instituciones civiles independientes dentro de Cuba, y a los familiares de los presos políticos”. “En Cuba nuestros adolescentes y jóvenes disfrutan de casi medio millón de becas para todas las enseñanzas”, diría Fidel.

A pesar de que Fidel Castro planteó que “en Cuba, adicionalmente, se otorgan cada año miles de becas a jóvenes extranjeros y no discriminamos a nadie por razones étnicas o ideológicas”, la realidad es que varios estudiantes cubanos fueron expulsados de los centros de educación superior del país u hostigados, por participar o apoyar el Proyecto Varela."

El referido Proyecto tenía por objetivo iniciar una apertura democrática que limitara el control del Estado, diera paso a las iniciativas en torno al reconocimiento de diversidad de opiniones, el pluralismo político, la posibilidad de los electores de proponer y escoger candidatos directamente mediante sus firmas en su circunscripción. 

Lo anterior, les permitiría, además, hacer uso de los medios de comunicación que son de propiedad estatal, así como reunirse libremente en asambleas democráticas. Sin embargo, más de una década después de la presentación del proyecto, el aparato represivo del régimen sigue eliminando las propuestas anti-totalitarias provenientes de la sociedad civil, anulando todo tipo de participación ciudadana y libertad política.

No cumplir con las demandas expuestas con anterioridad ha supuesto, durante años, la violación del Derecho a la Libertad de Pensamiento, Conciencia, Culto o Religión, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 18, el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, artículo 18, el Pacto de San José, artículo 13 y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, artículo IV, el Derecho a la Participación Política, contenido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 21, el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, artículo 25, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, artículo XX del Pacto de San José, artículo 23, el Derecho a la libertad de expresión, opinión y acceso a la información, consagrado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 19, la Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 19, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, artículo IV, el Pacto de San José, artículo 13 y el Protocolo de San Salvador, artículo 62. 

El Proyecto Valera representó para Fidel una amenaza emergente ante el aumento de la oposición política, los grupos sindicales, las asociaciones profesionales y las organizaciones de periodistas, todas ajenas al sistema (Ibarz, 2003). Se evidencia la necesidad de apertura democrática, pero las instancias gubernamentales entendieron que debían debilitar esa pujanza y procedieron con una escalada represiva traducida en persecución, señalamiento, vigilancia y expulsiones laborales. Sobrevendrían encarcelamientos, ejecuciones y fusilamientos, en una de las épocas de mayor represión en la isla (Ibarz, 2003) conocida como la Primavera Negra.