Discurso de Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, del 28 de septiembre de 1960, que amenaza el pluralismo político y la autonomía universitaria

El 28 de septiembre de 1960, Fidel Castro, para entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, pronunció un discurso a su llegada de la Organización de Naciones Unidas. En la concentración frente al Palacio Presidencial, Castro hizo alusión a la “propaganda falsa imperialista” y las “falsas acusaciones” por parte de Estados Unidos, referentes al gobierno instaurado desde el 1 de enero de 1959 en Cuba. Es destacable la importancia de este discurso dentro de la narrativa política de la Revolución, dado que en este se encontrarían los principios para la fundación de los “Comités de Defensa de la Revolución” (CDR), una organización de masas que tendría el objetivo de movilizar a todo el pueblo en torno a tareas que procuraran la salvaguardia de la Revolución y, más tarde, los principios socialistas de la misma. Tras una visita de 10 días a Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, Fidel pronunciaría un discurso lleno de consignas ideológicas que alentaría a cientos de cubanos a unirse en torno a la defensa de sus ideales. Este es un discurso marcado por el señalamiento de Estados Unidos como una “institución de terror”, contraria a los ideales de libertad de la Revolución, según el mismo orador. 

“Vamos a establecer un sistema de vigilancia colectiva, ¡vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva!” sería una de las citas mencionadas por el líder cubano, que instaría a las masas cubanas a formar grupos de vigilancia en defensa de la Revolución, no sólo para protegerla de amenazas externas (como la representada por Estados Unidos en su discurso), sino también de amenazas internas: de ciudadanos cubanos que no apoyaban los principios revolucionarios castristas, y que terminarían por ser señalados y acusados por sus propios vecinos de ser “contrarrevolucionarios”. Las palabras de Fidel tendrían grandes implicaciones en las décadas a seguir, en la medida en que aquellos que resultaran ser denunciados por los Comités de Defensa de la Revolución, en adelante CDR, serían señalados y excluidos de diferentes espacios, ya fueren laborales, educativos, de esparcimiento, o simplemente lugares públicos. 

Los CDR sirvieron de excusa para expulsar a profesores universitarios que se rehusaron a hacer parte de estos, llevando a que el mismo Fidel los catalogara como “lacayos del imperialismo”. Los Comités de Defensa de la Revolución serían especialmente diseñados, en palabras de Fidel,  “para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse”, con esto se anula cualquier posibilidad de pluralismo político e ideológico, en tanto quien estuviese en contra de la Revolución, estaría en contra de la patria, y del mismo pueblo. Así, la tarea de proteger la Revolución por los medios necesarios ya no estaría exclusivamente en manos del gabinete de gobierno, sino en manos de todo el pueblo, encargado de vigilar a aquellos que no estuviesen de acuerdo con la Revolución, custodiando los intereses del régimen revolucionario desde la base social.

En consecuencia, con la creación de los CDR, la defensa de la Revolución se convertiría en una tarea de la ciudadanía y de las masas cubanas (Garzón, 2019), y cada cubano se apropiaría del proceso revolucionario. Posteriormente, dichos Comités serían los encargados de señalar y perseguir a todo aquel que  fuese catalogado como disidente, en muchos casos incluyendo académicos, profesores y estudiantes de las universidades cubanas y otras instituciones de educación superior que tuviesen manifestaciones ideológicas “contrarrevolucionarias”.

 

Por ende, la constante vigilancia sobre la ciudadanía y la intromisión en la intimidad de los cubanos, implicaría violaciones en el derecho al honor e intimidad, consagrado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 17, la Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 12, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, artículo V y el Pacto de San José, artículo 11, como se ve reflejado en una cita mencionada por el líder revolucionario, a continuación:

 

“Vamos a implantar, frente a las campañas de agresiones del imperialismo, un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria que todo el mundo sepa quién vive en la manzana, qué hace el que vive en la manzana y qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica; con quién se junta; en qué actividades anda. Porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo, ¡tremendo chasco se van a llevar!, porque les implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana”