Acerca de “Palabras a los intelectuales”: Someter la cultura a la ideología significa condenarla al empobrecimiento

Una introducción necesaria

 

El discurso conocido como “Palabras a los Intelectuales”, pronunciado por Fidel Castro el 30 de junio de 1961, es un documento imprescindible para entender el rumbo que tomó la revolución de 1959. El contexto en que se pronunció revela su propósito. Con la sustitución de la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado cubano, en febrero de 1959, comenzó el desmontaje de la institucionalidad existente.

 

En los siete meses que precedieron al discurso se declaró el carácter socialista de la revolución; se dictó la primera Ley de Reforma Agraria, que depositó en manos del Estado el 40 % de las tierras cultivables del país; y se realizó la campaña de alfabetización, el primer gran esfuerzo de adoctrinamiento. Tres hechos necesarios pero insuficientes para la instauración de un modelo totalitario. Se requería complementarlos con la subordinación de la cultura a la ideología.

 

La cultura, resultado de la actividad humana, es un proceso permanente de transformación de la naturaleza y de la sociedad que conserva la experiencia, la transmite y la desarrolla. Incluye los conocimientos, las creencias, el arte, la moral, el derecho y las costumbres, y establece una relación de interdependencia entre los procesos económico-sociales y los espirituales. Por esos atributos el control de la cultura es un factor determinante para el poder.

Por su parte, la ideología política es un conjunto de juicios críticos y de valor que sirve de orientación a sus seguidores. Se acompaña de un programa de acción dirigido a transformar la realidad. Su lado débil reside en que el cambio perpetuo y la práctica social son inabarcables por ningún sistema teórico. Ello explica que las ideas consideradas avanzadas cuando se emplean para cambiar el orden establecido, una vez que sus promotores ocupan el poder, la defensa del estatus alcanzado se convierte en su razón de ser. A partir de ese momento sus promotores apoyados en un discurso de control social, de factor de desarrollo devienen en un mecanismo de freno y de represión contra los que piensan y actúan diferente.

 

Cómo transcurrió el proceso de control

 

Entre los primeros pasos para el control de la cultura en Cuba, encontramos que en marzo de 1959 se fundó el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), para monopolizar todo lo relacionado con la industria del cine. Dos meses después, en mayo, el ICAIC censuró el corto “PM”, filmado por Orlando Jiménez Leal y Alberto 'Sabá' Cabrera Infante. Y en enero de 1961 se creó el Consejo Nacional de Cultura como organismo rector de la política cultural de la Revolución. Esas y otras medidas que apuntaban contra la libertad de creación generaron los recelos que ocuparon el centro de los debates entre intelectuales y Gobierno.

Los seis criterios siguientes, expuestos por Fidel Castro en la reunión del 30 de junio de 1961 con los intelectuales en la Biblioteca Nacional, confirman la tesis planteada:

 

1- “Nosotros hemos sido agentes de… la revolución económico-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez, esa revolución… tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país”… ¿Por qué recelar de que la Revolución que nos trajo esas nuevas condiciones para trabajar pueda ahogar esas condiciones? La gran preocupación que todos nosotros debemos tener es la Revolución en sí misma, porque lo primero es la Revolución misma. Y después, entonces, preocuparnos por las demás cuestiones”.

 

- La lógica del razonamiento de Fidel se puede traducir así: nosotros, el poder, somos los agentes de la revolución económico- social y la misma tiene que producir una revolución cultural. Si somos los agentes de esa revolución, por qué recelar de la misma. La preocupación no debe ser que la Revolución vaya a asfixiar el arte, la preocupación tiene que ser la Revolución misma. La preocupación por el arte es secundaria.

 

2- “Un escritor católico preguntó si él podía hacer una interpretación desde su punto de vista idealista de un problema determinado… a él lo que le preocupaba era saber si él podía escribir de acuerdo con esos sentimientos o de acuerdo con esa ideología, que no era precisamente la ideología de la Revolución”.

 

- Es decir, los artistas y los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encontrarán dentro de la Revolución un campo para trabajar y para crear, pero dentro la Revolución. Porque el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y nadie puede alegar un derecho contra ella.

3- “Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie… puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro… ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”.

 

- La revolución, un hecho temporal cuya duración termina cuando la misma se institucionaliza, en Cuba asume carácter permanente. No habrá más cambios. Ese es lo que significa dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Por tanto, los derechos de los escritores y de los artistas de ahora en adelante se circunscriben a apoyar a la Revolución. La historia terminó.

 

4- “Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Esto es un principio general para todos los ciudadanos, es un principio fundamental de la Revolución. Los contrarrevolucionarios, es decir, los enemigos de la Revolución, no tienen ningún derecho contra la Revolución, porque la Revolución tiene un derecho: el derecho de existir, el derecho a desarrollarse y el derecho a vencer. Es decir, que se ha planteado muy seriamente un propósito, y por respetables que sean los razonamientos personales de un enemigo de la Revolución, mucho más respetables son los derechos y las razones de una revolución tanto más, cuanto que una revolución es un proceso histórico…, cuanto que una revolución no es ni puede ser obra del capricho o de la voluntad de. Y frente a los derechos de todo un pueblo, los derechos de los enemigos de ese pueblo no cuentan”-

 

- Para que no quede duda, la regla establecida no se limita a los artistas y escritores. Es un principio general para todos los cubanos. Es decir, los que han arribado al poder por las armas, sin legitimarse por las urnas, se atribuyen la potestad de decidir por un pueblo que no ha elegido ese poder libremente.

5- “Nuestra conclusión es que los compañeros del Consejo Nacional están tan preocupados como todos ustedes de que se logren las mejores condiciones para que ese espíritu creador de los artistas y de los intelectuales se desarrolle... ¿Por qué mirar a ese consejo con reserva? ¿Por qué mirar a esa autoridad como una supuesta autoridad que va precisamente a hacer lo contrario a limitar nuestras condiciones, a asfixiar nuestro espíritu creador? Y a veces ha parecido que se impugnaba ese derecho del gobierno. Y en realidad si se impugna ese derecho del gobierno nosotros opinamos que el gobierno tiene ese derecho. Y si tiene ese derecho puede hacer uso de ese derecho”.

 

- La lectura no ofrece dudas. Fundamentados en que son el agente de la Revolución, crean un aparato estatal —el Consejo Nacional de Cultura—, con atribuciones para decidir lo que es y lo que se hace en política cultural. Entonces, desde esa lógica del poder, está claro que no se puede mirar a ese Consejo con recelo. Es un derecho que el Gobierno se atribuye y, por tanto, hace uso del mismo. Lo que no dice es que ese Consejo, ni los que lo crearon, fueron elegidos por el pueblo o por los intelectuales.

 

6- “Nosotros queremos señalar algunos aspectos en los cuales se ha avanzado ya, y que deben ser motivo de aliento para todos nosotros, como ha sido el éxito alcanzado, por ejemplo, con la orquesta sinfónica, que ha sido reconstruida, reintegrada totalmente, y que no solamente ha alcanzado niveles elevados en el orden artístico, sino también en el orden revolucionario, porque hay 50 miembros de la orquesta sinfónica que son milicianos”-

 

- El ejemplo del éxito alcanzado por la orquesta sinfónica, que no se limita al orden artístico, sino también al orden revolucionario, confirma la ideología dominante: cincuenta de sus miembros son milicianos, Los comentarios huelgan.

 

Todo se resume en que: el Gobierno es el sujeto de la Revolución, mientras los intelectuales y todo el pueblo son el objeto que ha de seguirlo. Es decir, la Revolución por encima del pueblo. Una definición que no explica el origen de ese poder supremo sin que el pueblo, en nombre de quien supuestamente se hizo la Revolución haya otorgado tal poder.

Desde esa prohibición de la libertad, en 1961 se creó la Imprenta Nacional y se celebró el Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba. En 1962 se instauró la Editora Nacional de Cuba y el Instituto Cubano de Radiodifusión y en 1967 se inauguró el Instituto Cubano del Libro. La revista Pensamiento Crítico, que había nacido en 1966, pero que no respondía a los cánones establecidos, fue cerrada en 1971. Y el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana cesó sus funciones. Los cimientos para el control de la cultura quedaron concluidos.

En abril de 1971 el Congreso de Educación y Cultura estableció las pautas de lo que se consideraría políticamente correcto y se aprovechó la ocasión para fundir la cultura y la educación, donde la primera quedó subordinada a la segunda. A partir de ahí el movimiento cultural y artístico se vio sacudido por la parametración, una forma de discriminación a las supuestas desviaciones en el pensamiento político, religioso o sexual, que marginó a muchos de lo mejor de la escena cubana. Y al mes siguiente, en mayo de 1971, Luis Pavón Tamayo -segundo jefe de la dirección Política de las FAR y durante años director de Verde Olivo, fue designado al frente del Consejo Nacional de Cultura, lo cual le imprimió un mayor control a la esfera de la cultura.

 

Esa política cultural, si así se le puede llamar, no se limitó a los artistas y escritores. Como había sentenciado Fidel Castro, no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores, sino un principio general para todos los ciudadanos. Rafael Guedes Sánchez, alumno de cuarto año de Medicina, fue víctima del proceso de “profundización de la conciencia revolucionaria” realizado a raíz de los sucesos de la embajada del Perú en 1980, que generó el éxodo masivo por el puerto de Mariel. Con el objetivo de purgar de los centros de educación superior a los que profesaban ideas contrarias a la ideología oficial, por su afiliación católica de Rafael y por sus relaciones de amistad con diplomáticos extranjeros, fue expulsado de la carrera de Medicina.

A pesar del férreo control estatal sobre la cultura y los intelectuales, bastaron las brisas de la Perestroika para que emergieran grupos de jóvenes artistas que criticaron la falta de libertad de creación que involucraron a las diversas manifestaciones artísticas, lo que se manifestó en proyectos alternativos como: El grupo Ballet Teatro de La Habana, el Teatro del Obstáculo, el movimiento de poesía joven y el Proyecto Paideia, en la literatura; los proyectos Arte Calle, Hacer y Castillo de la Fuerza, en la plástica, o más tarde en Poesía sin Fin.

 

Un ejemplo ilustrativo de ese despertar y de la respuesta represiva fue el caso de Ángel Delgado, artista plástico que en 1990, en la inauguración de la exposición “El objeto esculturado” realizó un perfomance bajo el título “La esperanza es lo último que se está perdiendo”, el cual consistió en defecar sobre un ejemplar del diario Granma cuando en la exposición se encontraba el entonces ministro de Cultura, Armando Hart. Ángel fue sometido a juicio sumario, condenado a seis meses de prisión, y al cumplir la sentencia, como lo documenta el Observatorio de Libertad Académica, se le prohibió terminar su carrera.

 

Con motivo del sesenta aniversario de las “Palabras de Fidel a los intelectuales”, el 29 de junio de 2021, Miguel Díaz-Canel, secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, aprovechó la oportunidad para repetir que “Dentro de la Revolución todo significa que lo único que no está en discusión es la Revolución”. Y añadió “Aquel diálogo de 1961 está vivo… Los invito a que mediten. Creo que es hora de actualizar y de refundar, en el espíritu liberador de aquellas Palabras a los intelectuales que Fidel pronunció para entonces y vuelven para provocar nuestros análisis, 60 años después”. A forma de sentencia finalizó recordando que: “La libertad de expresión en la Revolución sigue teniendo como límite el derecho de la Revolución a existir”.

 

En las palabras de Fidel y en su repetición por Díaz-Canel, el núcleo fue y sigue siendo la negación de la libertad; un atributo inherente a la persona humana a la que no se puede renunciar, porque como decía el enciclopedista francés, Juan Jacobo Rousseau, la renuncia a ella es incompatible con la naturaleza del hombre.

Todo intento de suprimir o limitar la libertad de la persona humana constituye un atentado contra la humanidad. Al respecto Hanna Arendt- escribió: “cualquier revolución que se proponga liberar a los hombres sin plantear la necesidad de generar un espacio público que permita el ejercicio de la libertad, solo puede llevar a la liberación de los individuos de una dependencia para conducirlos a otra, quizás más férrea que la anterior”.

Entre otros hechos humillantes e ilustrativos de la política “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, fueron los casos de la afamada cantante cubana Celia Cruz y el también afamado bailarín español Antonio Gades. La muerte de la primera fue anunciada, el 16 de julio de 2003, por el diario oficial Granma, con la siguiente nota: “Activa en las campañas contra la revolución cubana en las últimas décadas e ídolo de la contrarrevolución”. La muerte del segundo, en el mismo diario, el 21 de julio de 2004, se anunció con una foto de Gades con la siguiente inscripción: “Lamentable pérdida de un inmenso amigo... defensor indeclinable de la Revolución cubana”. La razón: Gades se identificó con la ideología del poder, Celia tuvo que abandonar Cuba por no compartir esa ideología y nunca más regresar.