Abel González Lescay

El 4 de agosto fue publicado a través del medio Rialta una entrevista realizada por Edgar Ariel a Abel González Lescay, músico y poeta, egresado de la especialidad de piano en la Escuela Nacional de Arte y actual estudiante de Composición Musical en la Universidad de las Artes (ISA), quien sufrió una detención arbitraria el día 12 de julio Por su participación en las manifestaciones del 11 del mismo mes. Abel fue imputado por desorden público y propagación de epidemia, sin embargo, lo más alarmante de su testimonio está relacionado con el uso ilegítimo de la fuerza por parte de los agentes de la Seguridad del Estado y la policía.

 

El día 12 de julio, Abel fue detenido en su casa en Bejucal, de allí fue trasladado hasta San José de las Lajas a una estación de policía conocida como El Técnico de San José. Durante el traslado y la llegada al calabozo fue maltratado física y psicológicamente. Asimismo, al preguntar por su derecho a una llamada y a un abogado, le fueron negadas estas garantías, e incluso la única prenda que le facilitaron para cubrirse fue una sábana (había sido sacado de su habitación completamente desnudo). Posteriormente, al notificar que no se encontraba en las mejores condiciones de salud y mostrar 37 y medio grados de fiebre, le realizaron una prueba de antígeno que resultó positivo para COVID-19.

 

Después de reportado el resultado del test, Abel fue trasladado a “La prisión del Sida” -conocida de esta manera por haber sido centro de reclusión de personas positivas al VIH en años anteriores ya que en ese lugar estaban reclutando a todos los presos que daban positivo al virus. En este lugar estuvo hasta el domingo 18 de julio, cuando fue liberado sin ningún tipo de fianza y ubicado en prisión domiciliaria. Durante su estadía en “La Prisión del Sida”, Abel fue víctima de la violación a sus derechos sanitarios, ya que no se contaba con protocolos de bioseguridad, no tenían elementos mínimos para cumplir con su higiene corporal, no le daban ningún tipo de cubierto o implemento para poder comer y no tenía acceso a ninguna prenda para cubrirse en las noches. De igual manera, su testimonio relata que, en dicho lugar, también fue testigo de cómo presos ingresaban, los requisaban desnudos mientras hacían cuclillas para certificar que no guardaran ningún tipo de objeto y en el proceso les hacían gritar a la fuerza “Viva Fidel” y “Abajo el Bloqueo”.

 

El testimonio de Abel deja entrever las violaciones a los derechos humanos cometidas por parte de la Seguridad de Estado y la policía, el uso ilegitimo de la fuerza ejercida hacia los detenidos en el marco de las manifestaciones y el no cumplimiento de garantías procesales en medio de una detención.

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